lunes, 10 de febrero de 2014

Plaza Mayor, historia festiva y macabra

Plaza Mayor con numerosos paseantes. Se aprecia su estilo barroco con influencia del estilo herreriano. Sobre los adoquines, farolas y la estatua ecuestre de Felipe III.
Plaza Mayor. Foto: S. Castaño
La Plaza Mayor de Madrid fue durante casi cuatro siglos el centro de la vida de la ciudad, escenario de grandes acontecimientos festivos y actos públicos macabros. Tuvo cinco nombres distintos y sufrió tres grandes incendios. 

Cuando en la Plaza Mayor de Madrid se proclamó la Constitución de 1812, este recinto pasó a llamarse Plaza de la Constitución. Luego, con la restauración de Fernando VII y la vuelta al absolutismo se le cambió el nombre por el de Plaza Real. Más tarde, con la proclamación de la I República (1873) se le puso el nombre de Plaza de la República, que al año siguiente era Plaza de la República Federal. Con la restauración monárquíca volvió a su nombre original, Plaza Mayor, que no se volvió a tocar.

Coronaciones, bodas, toros y verdugos

Desde el principio, la Plaza Mayor se planteó como escenario de acontecimientos púbicos. Su primer gran evento, en 1620, fue la beatificación del patrón de Madrid, san Isidro, cuyos festejos y procesiones duraron ocho días. Al año siguiente, este recinto acogió la coronación de Felipe IV. El aforo de la plaza era de unos 50.000 espectadores, la mayoría en los balcones. Para este acto, el precio de alquiler de los balcones de los primeros pisos se fijo en 12 ducados, los de los segundos pisos a ocho ducados, seis para los terceros y, para las buhardillas, cuatro ducados. Fue el inicio de la proclamación de los reyes en la Plaza Mayor, una costumbre que llegó hasta Isabel II.  

Unos meses después, también en 1621, se produjo la ejecución de un ministro de Felipe III, Rodrigo Calderón, marqués de Siete Iglesias, acusado de aprovechar su cargo para beneficio propio, por lo que fue decapitado.

En 1622 se organizó una gran fiesta con motivo de la canonización conjunta de san Isidro, santa Teresa de Jesús, san Ignacio de Loyola y san Francisco Javier. Por ello, hubo en la Plaza Mayor corridas de toros a caballo, así como una comedia de Lope de Vega, danzas, mascaradas, juegos de cañas, música y fuegos artificiales. 
Fachada de la Casa de la Panadería, con sus pinturas, escudo tallado en el centro y torres con reloj en los chapiteles.
Casa de la Panadería. Plaza Mayor de Madrid. Foto: S.C.

Fueron numerosas las ejecuciones practicadas en este recinto, previa condena del Tribunal del Santo Oficio (Inquisición) que protagonizaba la persecución y castigo de judíos, herejes, blasfemos o sacrílegos a la vez que anunciaba gracias especiales e indulgencias a todos los que acudieran a estos actos. Para la puesta en escena se montaban patíbulos y graderíos de madera. 

Uno de los actos más macabros fue la ejecución, en 1648, de Pedro de Silva, marqués de la Vega de la Sagra, y de Carlos Padilla, acusados de conspirar contra el rey Felipe IV para proclamar rey de Aragón al duque de Híjar. Junto a ellos había unos 80 presos acusados de practicar el judaísmo. Su ejecución se prolongó durante doce horas. En cuanto al duque de Híjar, se le conmutó la pena de muerte por la cadena perpetua a cambio de pagar 10.000 ducados.

La Plaza Mayor acogió la proclamación de Carlos III como rey de España en 1759 y las consiguientes corridas de toros. También se organizó una gran fiesta en 1846 para celebrar la doble boda de Isabel II (con su primo Francisco de Asís de Borbón) y la de su hermana María Luisa Fernanda (con Antonio de Orleans, duque de Montpensier), cuya  celebración duró tres días. Fue la última vez que hubo corridas de toros en este lugar.

Un poblado a las afueras

La plaza Mayor se originó a las afueras de la ciudad. Eran los tiempos de Juan II de Castilla, en la primera mitad de siglo XV. Por entonces la Villa de Madrid creció hacia el este, con un continuo asentamiento espontáneo de comerciantes, sobre todo judíos, que construyeron viviendas a las afueras de la ciudad, donde estaba la llamada laguna de Luján, que fue desecada. Allí se formó una barriada en torno a una explanada que servía de mercado y que se llamó Plaza del Arrabal. Con el tiempo se convertiría en el centro de la ciudad.

A principios del siglo XVII sus construcciones estaban muy deterioradas, y Felipe III decidió reconstruir sobre esta antigua plaza la que sería la Plaza Mayor de la ciudad y escenario de acontecimientos públicos. El proyecto lo llevó a cabo el arquitecto Juan Gómez de Mora, que inició las obras en 1617 y las terminó en tan sólo dos años, con un coste de 200.000 ducados. El recinto, de 120 por 90 metros, estaba formado originalmente por 136 casas de entre tres y cinco plantas, ocupadas por unos 3.700 vecinos, tenían soportales y un total de 347 balcones. 

Imagen parcial de la Casa de la Carnicería. Junto a su galeríestán los pintores y caricaturistas habituales. Al fondo, una de a de arcos las puerta de acceso, el Arco de Cuchuilleros.
Junto a la Casa de la Carnicería se instalan los pintores. S.C.
Se construyeron nueve puertas de acceso y cuatro torres con chapiteles, dos en el lado sur, que pertenecen a la Casa de la Carnicería (llamada así porque era el depósito general de carnes), y dos en el lado norte, en la Casa de la Panadería, llamada así porque en su planta baja se despachaba el pan. Fue éste el primer edificio (hoy sede oficial del Turismo de Madrid), obra de Diego Sillero, cuyo estilo marco el del resto de los edificios. En su planta principal había salones y balcones reservados a los reyes para los espectáculos públicos. En su fachada destacan pinturas coloridas que representan personajes mitologícos. 

A este edificio le siguió, con el mismo diseño, la Casa de la Carnicería. Este edificio (sede de la Junta Municipal del Distrito Centro entre 1995 y 2008) y su gemelo son los únicos de la plaza cuyos soportales son arcos de granito, el resto se alza sobre pilares. 

Incendios y reformas 


panorámica de la plaza con un lateral en llamas, humareda y numerosas tropas en formación, algunos soldados evacúan heridos.
Incendio de la Plaza Mayor en 1790.
El lateral sur de la plaza quedó destruido por completo en 1631 a causa de un incendio que duró tres días y causó 13 muertos. La plaza sufrió otros dos grandes incendios, uno en 1672 y otro en 1790 que se extendió hasta la parroquia de San Miguel, hoy mercado de San Miguel. Tras este incendio, que ocasionó 25 muertos y 1.300 personas sin hogar, se acometió una importante reforma dirigida por Juan de Villanueva, arquitecto mayor de la Villa. Con él se logró el diseño actual de la plaza, al eliminar las dos últimas plantas de algunos edificios, unificando las buhardillas para darle el aspecto actual con tejado de pizarra y ladrillo rojo en las fachadas. Además construyeron los arcos en los huecos de acceso a la plaza. Otra importante reforma se llevó a cabo en 1873, que convirtió esta plaza en un parque con jardines y templetes de música, elementos que se eliminaron en 1936.

Estatua ecuestre de Felipe III

Los vaivenes políticos han afectado también durante años a la estatua ecuestre de Felipe III situada en el centro de la plaza. Fue construida en Florencia en 1614 por encargo del Gran Duque de Toscana, Cosme de Médicis, que la ofreció como regalo al rey español. El pedestal es obra de Juan Sánchez Pescador y los relieves son del escultor Sabino de Medina.

La estatua se instaló en los jardines del antiguo alcázar, y luego se colocó delante del palacete real de la Casa de Campo, donde estuvo hasta 1848, cuando la reina Isabel II, aconsejada por el escritor y concejal Ramón Mesonero Romanos, la trasladó a la Plaza Mayor. 

De aquí fue retirada en 1873 con la I República y repuesta dos años después al restaurarse la monarquía. En 1931, durante la II República, unos exaltados la derribaron y tuvo importantes daños. Durante la dictadura fue reconstruida por el escultor Juan Cristóbal y se instaló otra vez en su ubicación actual. De nuevo en 1968 abandonó la plaza, cuyo suelo fue levantado para la construcción de un aparcamiento subterráneo. La estatua estuvo en el Parque del Retiro hasta 1971, cuando volvió a la Plaza Mayor y se le instaló una verja de hierro a su alrededor.

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